Mujeres del Norte

Gabriela Mistral

(1889-1957)

Lucila María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga nació en Vicuña en el seno de una familia sencilla. A pesar de no haber recibido más que una educación elemental, a la edad de 14 años comenzó a desempeñarse como ayudante en la Escuela de La Compañía Baja y cuatro años más tarde como maestra en la localidad de La Cantera. Se le negó el derecho a ejercer la docencia cuando, en 1906, la Escuela Normal de La Serena -a instancias del asesor espiritual del establecimiento- le cerró las puertas de ingreso por considerar que su pluma y sus lecturas no se ajustaban a las ideas que una joven católica debía tener. En 1910 el sistema de formación docente sólo la habilitó como profesora primaria, cuando pasó sus exámenes en la Normal de Niñas de Santiago.

 

Hasta 1918, es decir, hasta sus 29 años de edad, ejerció como maestra de escuela en pequeñas localidades semi-rurales donde combinó su actividad docente con la literatura a través de la colaboración en periódicos locales y la práctica sostenida de la poesía. Durante esa etapa de su vida fue inspectora del Liceo de Los Andes, donde escribió la mayor parte de "Desolación" y los "Sonetos de la muerte". Por esta obra obtuvo la más alta distinción en los Juegos Florales de 1914.

 

Mientras vivía en Los Andes, conoció a Pedro Aguirre Cerda, quién, en su calidad de Ministro de Instrucción Pública, le otorgó el título de Profesora de Castellano, Historia y Geografía y la nombró directora del Liceo de Niñas de Punta Arenas en 1918. En esta ciudad puso término a su primer libro de poemas, "Desolación", obra publicada en 1922 en Estados Unidos por el Instituto de las Españas, obra que la proyectó como poeta de relevancia internacional. Ese año fue invitada por el Ministro de Educación de México para colaborar en la Reforma Educacional y en la creación de bibliotecas populares de ese país. Financiada por el gobierno mexicano recorrió Europa y Estados Unidos, desde entonces realizó un recorrido por distintos países, regresando de manera muy ocasional a Chile.

 

Su actividad literaria se desarrolló en paralelo a su quehacer pedagógico y consular, la que se vio coronada con el Premio Nobel de literatura en 1945, reconocimiento que la ubicó como la primera mujer latinoamericana en recibir este galardón. Seis años después, tardíamente, Chile hizo un reconocimiento a su labor literaria, otorgándole el Premio Nacional de Literatura.

Esta iniciativa se enmarca en el Programa de Mejoramiento de la Gestión (PMG) con enfoque de género que la Dibam desarrolla desde el año 2002

 

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