Mujeres del Norte

Rosario Orrego

(1834-1879)

Nació en la ciudad de Copiapó, en el seno de una familia acomodada ligada a la minería. Recibió su formación básica a través de la educación en su casa y en algunos colegios particulares para señoritas, en Copiapó y en Santiago. Muy joven, contrajo matrimonio con un acaudalado hombre dedicado a la actividad minera, de quien enviudó cuando apenas tenía 19 años.

 

Una vez viuda, Rosario se trasladó con sus 5 hijos a Valparaíso, ciudad en dónde se dio a conocer su obra literaria con la publicación en la revista La Semana de sus primeros poemas. Posteriormente, bajo el seudónimo "una madre", realizó colaboraciones en La Revista del Pacífico y revista Sud-América.

 

Rosario Orrego dejó una prolífica obra formada por colaboraciones periodísticas, poesía y por tres novelas cortas: "Alberto, el jugador" (1861, reeditada por editorial Cuarto Propio en 2001), "Los Busca Vidas" (1863) y "Teresa" (1870). Fundó también la exitosa "Revista de Valparaíso" (1873), semanario que, en su época, se agotaba apenas salía de la imprenta. Ese mismo año, los miembros de la recién fundada Academia de Bellas Artes de Santiago le otorgaron el título de socia honoraria. La Academia era presidida por José Victorino Lastarria y en ella figuraban los más grandes pensadores, artistas y escritores chilenos del momento; al lado de Rosario Orrego, se hallaban Miguel Luis Amunátegui, Diego Barroa Arana, Benjamín Vicuña Mackenna, Juan Nepomuceno Espejo, Pedro Lira, Daniel Barros Grez, Alberto Blest Gana, Augusto Orrego Luco y Jacinto Chacón (su segundo marido), entre otros. Todos estos méritos hacen que Rosario Orrego reciba el título de la "primera novelista, periodista y académica de Chile".

 

Los planteamientos de Rosario Orrego respecto de las mujeres se refieren en su mayoría a la importancia de la educación de éstas, corriente intelectual conocida como feminismo maternal, en boga en la segunda mitad del siglo XIX, que valoraba el lugar de las mujeres en la cuestión pública como educadora "natural" de los nuevos ciudadanos y como reservorio moral de la república. Si bien los principios que animan su escritura no son del todo rupturistas, sí instalaban una práctica cultural nueva para ellas: la de escritoras públicas, a las que signaban peyorativamente de ÒliteratasÓ: esto llevó a que Rosario sólo el año 1872 se atreviera a firmar por primera vez con su verdadero nombre.

Esta iniciativa se enmarca en el Programa de Mejoramiento de la Gestión (PMG) con enfoque de género que la Dibam desarrolla desde el año 2002

 

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